Eugenio Henao en entrevista para Revista Unidad K9
La inteligencia animal es uno de los ejes sobre los que se construye la información y la educación de los caninos, ya sean de compañía o de trabajo. Por esa razón, decidimos charlar con Eugenio Henao, CEO de Ingenio Animal y creador del Sistema de adiestramiento canino REFEL, quien ha trabajado a lo largo de los años con los aspectos primordiales de la ya mencionada inteligencia animal.

Para entender la inteligencia animal, debemos estar conscientes que se trata de una serie de elementos que la rodean, por ejemplo, lo que podemos hacer con los animales, por supuesto, pero también las cosas que los benefician.
Sí, correcto. Cuando reconocemos que la cognición no es solamente esa idea preconcebida que nosotros tenemos, que a veces pensamos que son máquinas biológicas y desconocemos, por ejemplo, cosas tan elementales como la memoria, eso mejora mucho la convivencia y la relación interespecie.
Has trabajado durante mucho tiempo con la inteligencia animal y particularmente una de tus áreas de éxito, es con los perros.
Yo soy psicólogo, tengo una maestría en educación y fui rector en un colegio de niños durante muchos años. Comencé a darme cuenta que había un paralelo entre la forma en que aprendían los niños y los perros en el entrenamiento. En la actualidad, llevo casi 30 años trabajando en temas de aprendizaje con distintos seres vivos y empecé a ver que no era tan distinto el asunto.
Cuando la pedagogía me apasionó, escribí un ensayo para la maestría que hablaba de animales, por lo que me dijeron que era una facultad de educación, no de veterinaria, por lo que la rechazaron. Sin embargo, dos años después estábamos ganando un grado honorífico de esa investigación. Con eso creamos un modelo pedagógico para el colegio y gracias a eso, nos ganamos dos premios de la Alcaldía de Medellín, en Colombia, que son los más importantes que entregan a la educación.
Las formas de aprender de los diferentes seres vivos no son tan distintas, obviamente hay que guardar las diferencias, pero no son esa máquina biológica que veníamos creyendo desde los años cincuenta.
Respecto a la inteligencia, son muchos los que desconocen que a la hora de que el cerebro del perro se enfrenta a los retos y realiza actividades puntuales, en realidad está ante un estímulo en su desarrollo y aprendizaje.
Sí, básicamente hay tres grandes necesidades en los perros que nosotros desconocemos. La primera es que no sólo hace 30 mil años, cuando el hombre y el perro se encontraron, sino desde mucho antes de que el hombre y el perro llegaran al planeta, la naturaleza ya tenía unas formas de supervivencia determinadas y que son necesarias, que requieren la adaptación como dijo Darwin: el esfuerzo para poder luchar y sobrevivir. Las cosas obtenidas de manera muy fácil y sin esfuerzo generan desmotivación. Los perros ya no tienen que buscar la comida, ni perseguirla, ni cazarla, simplemente se las proporcionamos en un plato, sin que ellos tengan que hacer nada y eso les empieza a generar desmotivación, encontrándonos con perros inapetentes o con problemas de conducta, cosa que en estado natural no se encuentra en ningún ser vivo, pero sí lo vemos en zoológicos, en circos y con las mascotas.
Segundo, el cerebro se transforma, cambia todos los días. Cuando los llevamos a hacer ejercicios de resolución de problemas, de encontrar cosas, de olfatear, de aprender trucos nuevos, todo eso hace que el cerebro vaya cambiando. Si hiciéramos una tomografía del cerebro de un perro entrenado y de un perro de casa, veríamos que son dos completamente diferentes porque no tienen la misma cantidad de conexiones neuronales.
Tercero, que no reconocemos las necesidades de los perros porque tenemos una visión utilitaria del adiestramiento, como esa mirada zootécnica tradicional de que la vaca da leche, la gallina pone huevos y el perro cuida, caza o pastorea, y no entendemos que con estos ejercicios el perro se transforma, sus capacidades mentales cambian, hay nuevas conexiones.
Los perros tienen la necesidad de olfatear y de morder, no solo muerden los de protección u olfatean los de detección. Todos los perros, de todos los tamaños, razas, ya sean domésticos o de trabajo, deben morder y olfatear porque tienen la necesidad de hacerlo aunque no se vayan a dedicar a eso.
Todos los perros, desde cachorros, están aprendiendo. Tal vez la única excepción sería los que tienen un padecimiento y dificultades de aprender, lo que en un humano sería el equivalente a una discapacidad cognitiva. Pero el resto de la población canina puede aprender por una razón muy sencilla: la única función del cerebro es sobrevivir y para poder sobrevivir requerimos aprender continuamente cosas nuevas.
Según Darwin, no sobrevive el más fuerte, ni el más rápido, ni el más inteligente, sino el que tiene mayor capacidad de adaptación, por eso el cerebro puede adaptarse fácilmente a nuevos entornos.
Una duda muy recurrente: ¿al entrenar a un perro le quitamos su autonomía?
Eso es un mito, el perro no se vuelve un robot. El perro que filogenéticamente ha evolucionado de manera conjunta con nuestra especie es una especie diferente a las demás, ya que es capaz de leer los gestos humanos, de mirar hacia donde miro, hacia donde señalo, es decir, se forma un vínculo. Desde que nace el perro se siente cómodo con el humano, busca al humano. En la medida que yo interactúo con ellos, paso tiempo con ellos, les enseño cosas de manera divertida, como el juego siempre de manera cooperativa, fortalezco ese vínculo.
El refuerzo social es muy importante, ya que no sólo se premia con juguetes, comida u objetos extrínsecos, sino que nuestra sola presencia, nuestra compañía, se vuelve un reforzador y hace que el perro disfrute lo que hace no por el premio que obtiene al final, sino porque es divertido hacerlo.
¿En la actualidad hay modelos de aprendizaje en los cuales se busca individualizar el entrenamiento?
Hay ritmos y estilos de aprendizaje, es decir, las personas no aprendemos todos igual. Hay perros que se les da más fácil hacer ciertas cosas que a otros, es desarrollar un cerebro y prepararlo para que tenga las seis cosas que busca en el adiestramiento moderno que son actitud, velocidad, precisión, motivación, concentración, vínculo y regulación emocional”.
En todos tus años de trayectoria, ¿has tenido la oportunidad de entrenar voluntaria e involuntariamente a otros entrenadores?
Sí, ahora me dedico a formar adiestradores y no adiestradores. Han pasado por nuestros cursos personas con 30 años de experiencia que son jueces de deportes caninos, directores nacionales de especialidades de prácticamente todo América. Hemos tenido personas de México, Argentina, Centroamérica y Estados Unidos. Ha sido muy buena la recepción, ya que es una forma distinta de entenderlos, es preocuparse por la forma en que ellos aprenden y adaptarnos nosotros a ellos, y no quererlos forzar a que ellos lo hagan como nosotros lo entendemos.
Nosotros somos del mundo de las palabras y siempre todos los entrenamientos están centrados en eso, en palabras, en lo auditivo. Para nosotros resulta mucho más fácil cuando no lo hacemos a través del oído, sino del tacto, de la piel y para eso hay unas técnicas que ayudan al refuerzo social.
Realmente la gente se ha conectado mucho y hoy día, nos satisface decir que tenemos personas en distintos países coordinando programas en centros penitenciarios, haciendo simulación de cachorros, unidades de búsqueda y localización, cachorros para el deporte, perros de familia, etc., con esta forma que tenemos de entender el trabajo y con muy buenos resultados. Ya no solo es que nos funcione a nosotros, sino que le funciona a diferentes personas.


Deja un comentario