La evolución técnica en la utilización de los perros en las unidades militares

Por Pedro Salas

Instructor de perros detectores contra el tráfico animal y la caza furtiva en África y asesor para la FUPRO de Infantería de Marina de España

A military working dog is shown outfitted consisting of a vest and eye protection mask in Kyiv during an exhibition of destroyed russian military equipment

En primer lugar, me gustaría resaltar que para hablar de manera general sobre la utilización del perro como medio detector, en los últimos veinte años, el avance ha sido total en cuanto a la implementación de nuevos sistemas y técnicas de entrenamiento. Quizá se deba al aumento exponencial en cuanto a sus diferentes usos y la cantidad de nuevas aplicaciones en las que el perro ha ido demostrando su gran eficacia a lo largo del tiempo, lo que pone encima de la mesa nuevas necesidades y nuevos desafíos, provocando que los entrenadores nos viéramos en la obligación de evolucionar las técnicas de entrenamiento para poder aportar fiabilidad a nuestros binomios y dar respuesta a las demandas de estas nuevas especialidades. 

Con lo anterior me refiero a que una vez que tuve contacto con los perros detectores –hace casi 25 años– las especialidades se reducían a los perros detectores de narcóticos, perros detectores de explosivos y a los perros de búsqueda y rescate. En la actualidad las especialidades, además de las citadas anteriormente, se han multiplicado: existen perros detectores de restos biológicos con objetivos forenses, acelerantes de fuego, cebos y cadáveres envenenados, armas, cadáveres sumergidos, perros detectores contra el tráfico animal y la caza furtiva, conservación de especies, perros detectores de alerta médica, perros de detección médica, perros detectores de plagas y un largo etcétera. Esto supone la ruptura del hermetismo en el que vivía la detección dentro del ámbito policial y militar, lo que generó una apertura a los entrenadores civiles. Esta nueva situación aporta otra visión diferente que, desde mi punto de vista, siempre es enriquecedora y que abre la puerta a nuevas colaboraciones entre ambos colectivos.

Una vez puntualizado esto, me gustaría hablar sobre cómo ha afectado a los perros de uso militar la evolución vivida en los últimos 30 años.

En primer lugar, en la actualidad –y ya desde hace unos años– en el sector militar a nivel mundial se apuesta por el entrenamiento y construcción de equipos que sean capaces de desarrollar diferentes especialidades; esto quiere decir, que un solo perro es entrenado para cubrir todas las posibles necesidades del equipo en zona de operaciones.

Nakhon Ratchasima.THAILAND. June 15, 2017: Military dog training (K9 military dog) in operation. Explosive and drug discovery.thailand

A continuación, me gustaría explicar lo que desde mi punto de vista son las ventajas y desventajas (también las hay) que suponen el entrenamiento y aplicación operativa de un perro multipropósito.

Comenzaré por las ventajas en cuanto a logística se refiere. La primera es la del despliegue de este tipo de unidades en la zona de operaciones, reduciendo a la mitad el número de equipos caninos necesarios. Anteriormente y durante mucho tiempo se necesitaban duplicar los equipos desplegados ya que se apostaba por que cada perro desarrollara una especialidad concreta. Esto supone también una ventaja para el guía en lo que respecta al cuidado y tutela de su binomio; anteriormente, el guía debía prestar atención y cuidados a más de un perro simultáneamente, con las dificultades que esto entraña en determinadas situaciones y condiciones.

Una vez que el equipo está desplegado en el lugar de destino, las ventajas logísticas son innumerables, ya que ante la necesidad de algún desplazamiento o infiltración/inserción en cualquier tipo de medio terrestre, marítimo o aéreo se simplifica todo enormemente.

En segundo lugar, también existen muchas ventajas a nivel táctico, ya que una vez incorporado en un equipo operativo tienes un perro capaz de desarrollar diferentes especialidades, según las necesidades de la misión en un mismo contexto. 

Respecto a las desventajas o dificultades que supone apostar por el empleo del perro multipropósito, se reducen únicamente a cuestiones relacionadas con el entrenamiento. La primera, como es normal, es que aumentan los tiempos de capacitación de estos equipos al tener que adiestrarlos en diferentes especialidades sin perder fiabilidad en el desarrollo de ninguna de ellas. La segunda, hace referencia a las dificultades que supone el entrenamiento de los mismos, en el que tenemos que manejar las preferencias que muestre el individuo en el desarrollo de una de las especialidades en concreto frente a la otra. Por esta cuestión es muy importante fortalecer el control sobre cada respuesta en función de la señal verbal y/o gestual que se presente al perro, provocando así una perfecta discriminación de tareas a realizar en el mismo contexto.

Es importante no olvidarnos de nuevas subespecialidades que nacen asociadas a la evolución técnica de los sistemas de entrenamiento (a la que hacía referencia al principio del artículo) y al avance de la tecnología, tales como equipos de comunicaciones de video y radio que en la actualidad se pueden incorporar al equipo táctico de los K9. Estas nuevas aplicaciones, aunque se empezaron a desarrollar por entrenadores de referencia a nivel mundial a finales de los ochenta, su uso se ha extendido y democratizado en los últimos años, ya que hacen posible el envío y control a distancia de los perros por señales de voz y/o puntero láser. Esto permite mejorar exponencialmente la precisión en el desarrollo de las especialidades, además de minimizar el riesgo para nuestro binomio consiguiendo una exposición mucho más aséptica y controlada dentro de un escenario de riesgo como el que supone una operación.

Y la última cuestión a tener en cuenta en la capacitación del perro multipropósito,  es que, aunque complementaria, no carece de importancia habituar al perro a los diferentes sistemas y medios de infiltración e inserción como diferentes vehículos terrestres, diferentes medios marítimos y plataformas aéreas (ya sean de ala fija o ala móvil) a los que va a estar expuesto durante su vida operativa.

En conclusión, estoy seguro de que el entrenamiento canino, tratándose de una actividad joven y en continua evolución y al que se suma el avance de los medios técnicos y tecnológicos, tendrá mejoras y aumento de usos operativos de ámbito militar de los perros, que en el futuro se podrán multiplicar.

No me gustaría despedirme, sin decir que creo que es una obligación para todos los entrenadores profesionales inmersos en el asesoramiento y formación de estos equipos la aplicación de técnicas y sistemas de entrenamientos éticos que vayan de la mano con la evolución que vive la sociedad, respecto a la conciencia relativa al bienestar animal, priorizando éte ante cualquier objetivo del entrenamiento.